Como todos saben se esta gentando un boletin scout Recoletano impreso, el proceso ha tenido muchas trabas como todo en la vida, pero la llama se mentiene fuerte en las brazas. Aquí se colgarán los mejores artículos del boletín "El Fagnion" que esperamos pronto poder repartir en la sede scout.
Joussef Abi-Fadel, Guía Patrulla Lobos

Este es un año muy especial para más de 28 millones de jóvenes en 155 países del mundo ya que pueden celebrar 100 años de la creación del movimiento juvenil más importante de todos los tiempos, Los Scouts.
Todo empezó en la isla de Brownsea, Inglaterra, el 1 de agosto de 1907 a las ocho de la mañana cuando el general Británico Lord Baden-Powell, sopló un gran cuerno de antílope africano, despertando a una veintena de jóvenes, que participaban de su primer campamento.
Quién diría que este campamento sería el inicio de un movimiento que ah inculcado a millones de jóvenes de todo el mundo a hacer cuanto de si dependa para cumplir sus deberes con dios y la patria, ayudando a su prójimo y estando siempre listos como buenos ciudadanos.
Ser scout es más que portar un uniforme, acampar y jugar al aire libre. Ser Scout es practicar un estilo de vida comprometido con el mundo que nos rodea, es pertenecer a una gran familia mundial que no distingue entre raza, sexo o religión y que sigue una misma ley universal.
Muchas personas desconocen el júbilo que uno puede sentir al mantener el gran sueño de B.P "Dejar a este mundo en mejores condiciones de cómo lo encontramos".
El Centenario es una gran oportunidad para estar felices y con el pecho hinchado de orgullo gritar: "Sí, yo soy scout de corazón"
Nos despertamos y lo primero que vemos es nuestro frío techo. Nos levantamos y (si vivimos cerca a una gran avenida, como quien les escribe) vemos por la ventana el gran desfile matutino de autos que cantan su himno, compuesto por el sonido que proviene de un incesante golpe en el timón. Salimos a la calle, después de haber tomado como desayuno una mezcla de químicos que son almacenados en latas, las cuales son provistas de etiquetas con la misión de vendernos la idea de que todo es natural. Ya en la calle, respiramos el delicioso olor del humo, que comienza a entrar a nuestros pulmones para dejar sus frutos, casi siempre imperceptibles a nuestra mente que se basa en la indiferencia, ya que todos los días nos vamos envenenando mutuamente. Esta es nuestra vida en la ciudad.Así nos hemos confinado a vivir, a convivir. Hemos forjado nuestro mundo de cemento, con costumbres y acciones que nos incitan y se basan en la pereza, la gula, y entre otros pecados que les hemos restado importancia.
Más olvidamos que bajo todos estos cimientos, Dios nos había dado ya nuestro espacio, nuestro mundo. Olvidamos que la naturaleza nos dio en un principio todo lo necesario para vivir; pero hemos abusado de la confianza que nos dio el creador, destruyendo miles y miles de hectáreas, matando sin números de animales, corrompiendo el planeta.
Hemos reemplazado el canto de las aves, por el sonido de los autos; hemos reemplazado el fresco y agradable olor de una rosa, por el monóxido de carbono que nosotros mismos producimos; hemos reemplazado un hermoso atardecer, por la monótona caja que nos muestra un sinnúmero de mentiras y vagos pensamientos, que nos vuelven esclavos a nuestro sofá y el continuo movimiento de nuestro dedo pulgar.
Solo un llamado para acordarnos de este sublime mundo que hemos recibido como uno de los mayores dones. Para disfrutar de su esencia, que cada vez se apaga más y se va confinando al olvido, a un recuerdo, a un relato de un libro que cuenta las hermosuras que el hombre alguna vez tuvo, pero las vendió al peor postor: la ciudad.
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